Trabajo como pastor y profesor de secundaria en Canberra, Australia, aunque durante varios años también trabajé como orientador laboral. Mi labor se centraba específicamente en los problemas del desempleo de larga duración, la falta de vivienda y las adicciones. En ese puesto apoyaba a personas que se encontraban realmente en los márgenes de la sociedad.
Algo que observé en casi todos mis clientes era que tenían un vocabulario emocional muy limitado. Podían decirme que se sentían «mal», «enfadados» o «tristes», pero a la mayoría le costaba mucho describir sus sentimientos con mayor precisión. Llegué a creer que la intensidad de sus emociones y experiencias negativas aumentaba porque no podían describir adecuadamente lo que sentían, especialmente las emociones más difíciles. Cuando no puedes poner nombre a lo que te ocurre en tu interior, es muy difícil entenderlo o empezar a superarlo.
Por aquel entonces utilizaba una rueda de vocabulario emocional mucho más pequeña y sencilla que había encontrado circulando por internet. Tenía muchas faltas de ortografía y una selección de palabras muy limitada, pero la idea en la que se basaba me gustaba mucho. Así que amplié considerablemente la lista de palabras y construí una nueva rueda desde cero.
Orienté deliberadamente la rueda en gran medida hacia palabras y experiencias emocionales negativas, porque era donde mis clientes más ayuda necesitaban. Descubrí que cuando podía ayudar a alguien a identificar con claridad lo que sentía —no solo «mal», sino quizá «abrumado», «insuficiente» o «ignorado» —, la intensidad de esas experiencias disminuía. Poner un nombre preciso a una emoción parece ayudar a reactivar la mente racional, y ese solía ser el primer paso hacia una conversación mejor y, con el tiempo, un progreso real.
El 1 de marzo de 2015 publiqué la rueda por impulso en Reddit e Imgur, con la esperanza de que otras personas pudieran encontrarla útil. La respuesta desde entonces ha sido increíble. He recibido cientos de mensajes de personas de todo el mundo que me cuentan cómo la rueda las ha ayudado: en terapia, en las aulas, en sus relaciones y en sus propios procesos personales. La rueda se ha publicado en todo tipo de programas, recursos y publicaciones.
Nunca me propuse crear algo con semejante alcance. Solo quería una herramienta mejor para las personas que se sentaban frente a mí. Me llena de gratitud saber que ha llegado a ayudar a tantas personas.